Escritura y deriva sin futuro.

lunes, 13 de diciembre de 2010

La traición de los psicórticos: Reflejos en la tostadora

"La traición de los psicórticos" es un trabajo que empecé hace dos meses. Al principio se trataba de una historia mucho más larga que abría unas posibilidades cosmológicas inabarcables. Lo que empezó con una idea simple fue creciendo hasta convertirse en algo parecido a una mitología. Siempre, en todo proyecto en el que me he enfrascado, mis pretensiones no se ajustaban al tiempo cinematográfico. Tal vez porque estas pretensiones son casi siempre literarias y es difícil ponerlas de acuerdo con la duración de la imagen. Me interesan los mitos que, en lugar de explicar la naturaleza, clarifican un aspecto emocional de nosotros mismos. Se me viene a la cabeza una cita de Ernesto Sábato que utilizaré como estandarte a partir de ahora: "El mito expresa un tipo de realidad del único modo en que puede ser expresada." Me estoy moviendo en ese terreno. Crear mitologías gigantes para explicar cosas nimias. La fractalidad de una cosmovisión para entender una condición cotidiana, incluso vulgar. Y aquí es donde se me ve el plumero, porque en ningún momento he ignorado que se trata de un sucedáneo/homenaje a Código 7 de Nacho Vigalondo. De hecho, "La traición de los psicórticos" podría considerarse un opuesto deslucido y mucho más convencional de Código 7, baste señalar que todo lo que la obra original de Vigalondo mantiene en los márgenes de la invisibilidad (la segunda realidad se produce desde el sonido) queda en mi corto traducido a imágenes. Y viceversa, porque como descubrí hace poco (Y esto sí que fue una casualidad mágica) la canción que Vigalondo escogió para los créditos no es otra que "Girls Just Want to Have Fun" de Cindy Lauper, haciendo audible lo que en mi historia es una omisión por derecho. Esta convergencia final me hizo muy feliz.

Pero quise presentar el corto al Notodofilmfest y un proyecto que duraba hasta 12 minutos terminó reducido a una pequeña pieza de 3 minutos y medio para contar algo mucho más sencillo. Me pregunté qué pasaría si un Tarkovsky subnormal, agónico y senil, me contara un cuento de hadas. Tarkovsky es un director que siempre me he imaginado en las últimas, un hombre agorafóbico (desde bebé) que nunca se atrevió a abandonar el hospital en el que nació. En mi imaginación, dirigió todas sus películas desde una ventana. Pienso que Tarkovsky estaba destinado a ser un fenómeno paranormal y que su cuerpo físico fue un error que trató de perdonar a Dios a través de sus películas. Confieso haber especulado con ese posible cuento muchas veces: Un Tarkovsky o un Cronemberg obligados a improvisar una narración para niños. En esos momentos, pongo la oreja y robo fragmentos de la versión infantil de Videodrome (que algún día tendré completa). Mezclé todas estas paridas con el feísmo amateur de Jonathan Caouette y salió un experimento de found footage que ha tenido varias versiones de montaje de las cuales la más auténtica y cercana a lo que buscaba es la que sigue:


CORTO VERSION 3
Cargado por Asimur. - Mira películas y shows de TV enteros.

PD: Paradójicamente no ha sido ésta, la mejor versión, la que ha sido admitida en el festival, sino otra mucho menos pura que me ví obligado a perpetrar en alta calidad. Estoy muy desanimado al respecto.

Primera entrada

Abro este blog por las siguientes razones: Quiero darle una fachada a mis trabajos. Tener una dirección donde cualquiera pueda hacerse una idea de lo que me gusta. Me gusta el cine y la literatura (Y todo lo que se encuentre entre medio). Quiero dibujar un mapa de obsesiones y referentes que me ayude a comprender por qué contar esta historia y no otra. En ese sentido, este es un blog de investigación. Una deriva. Un campo de pruebas en el que habrán más gritos que susurros, más errores que aciertos. Y, sobretodo, este blog es una excusa. Una excusa para trabajar. Esta primera entrada es, al mismo tiempo, un recordatorio personal.